ENFERMEDAD DE ALZHEIMER. APRENDER Y ENSEÑAR
José Manuel Ribera
Casado
Presidente de la
Sociedad Española de Geriatría y
Gerontología.
Los expertos en
pedagogía suelen afirmar que la mejor manera de aprender es
enseñando, de la misma forma que ejercer de alumno en un determinado
campo representa la vía de entrenamiento más adecuada para
rodarse en actividades docentes. Todo ello viene muy a cuento de los objetivos
que se plantea el curso que tiene Vd. ante sí en estos momentos.
Como punto previo, y
antes de entrar en cualquier otro tipo de consideración, quizás
merezca la pena recordar que los trastornos demenciantes en general, de los que
la enfermedad de Alzehimer constituye su paradigma más
emblemático, alcanzan a cerca de medio millón de
españoles; en su inmensa mayoría pacientes por encima de los 70
años de edad. También que estamos hablando de un grupo de
enfermos extraordinariamente complejo, donde a la enfermedad de base se
añaden una larga lista de problemas adicionales tanto médicos
como sociales. Una lista que abarca desde la mayor facilidad para ser
víctima de otros procesos patológicos (infecciones,
desnutrición, caídas, etc.), hasta los trastornos de conducta
inherentes a la demencia y el propio rechazo social que suelen generar. Todo
ello enmarcado en el contexto de un panorama sombrío, muy pobre en
esperanzas, donde las posibilidades de una curación efectiva no llegan a
vislumbrarse. Y donde, peor todavía, los recursos públicos
previstos para una atención efectiva de este colectivo son absolutamente
escasos y, a la luz de la broma macabra en que se está convirtiendo el
llamado Plan de atención a los pacientes con demencia, no
parece haber ninguna voluntad política de mejorarlos.
En ese contexto
bienvenida sea cualquier iniciativa dirigida a mejorar la formación de
todas aquellas personas que, bien de manera voluntaria, bien en el ejercicio de
su actividad profesional, van a tener que convivir con el paciente demenciado y
que tomar decisiones de todo tipo y de forma constante. Estamos ante una
información actualizada, con base en la experiencia de los muchos
años de trabajo en este campo por parte de quienes han elaborado el
programa, y con el soporte científico que representa un amplio y
cuidadoso paseo a través de la bibliografía más
actual.
Nos encontramos delante
de un programa formativo que aspira con toda legitimidad a convertirse en
herramienta fundamental para el médico de atención primaria ante
cuya consulta se presenta un paciente de estas características. Que
aspira a servir de ayuda en la búsqueda de respuestas a las preguntas
tradicionales que surgen cuando afrontamos cualquier problema clínico;
valorar adecuadamente los, discernir las vías para alcanzar un
diagnóstico correcto o estar bien informado acerca de las posibilidades
terapéuticas; pero que aspira, sobre todo, a facilitar una respuesta
útil ante aquellas cuestiones que más suelen preocupar al
médico de familia.
Unas cuestiones que,
esencialmente, pueden ser agrupadas en tres grandes apartados. En primer lugar
aquellas relacionadas con la forma de sospechar la enfermedad, detectarla y
evaluar el estado en que se encuentra, así como ordenar los principales
problemas que plantea en cada caso concreto. Junto a ellas las que buscan
establecer los límites de la propia competencia a la hora establecer los
límites de la propia competencia a la hora de decidir hasta dónde
puede llegar uno por si mismo en base a los conocimientos y medios de que se
dispone, y contestarse acerca del a quién consultar y de
cuál es el momento más adecuado para hacerlo. Como
último apartado, las cuestiones relativas a toda la larga serie de dudas
que afectan al seguimiento. Quiérase o no, los problemas a largo plazo
que plantea el día a día de estos pacientes cabría
decir el año al año, considerando la duración de la
enfermedad recaen en el generalista, en lo que antes se llamaba su
médico de cabecera, algo que, en la terminología actual, viene a
ser sinónimo habitualmente de su médico de familia, cuando no de
un geriatra de residencia.
Sea, pues, bienvenido
este programa. Bienvenido por sus contenidos, extensos y cuidados, y
también por su formato, donde se exige una participación activa
por parte de alumno en la línea de lo que se apuntaba en los primeros
párrafos de estos comentarios.
Felicitaciones a los
autores del mismo. Felicitaciones y agradecimientos también a la
fundación Alzheimer en su papel de promoción y gestión de
la iniciativa. Un agradecimiento que cabría personificar en el
matrimonio Selmes, cuyo entusiasmo y dedicación en la lucha contra esta
enfermedad supone el mejor ejemplo contra el desánimo y el mayor de los
estímulos para fomentar un espíritu de superación en todos
nosotros. En todos aquellos que, como los geriatras que yo aquí
represento, nos vemos inmersos de manera continua en la difícil tarea de
contribuir al doble reto que supone mejorar la salud del anciano con Alzhimer
y, junto a ello, proporcionar apoyo y paz a quienes con él
conviven.
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